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RODRIGO ARTEAGA


TRES ARBOLES SUSENTES EN TORINO


                       

04.11/ 04.12/ 2026




PAGINA DEL ARTISTA



Esta nueva serie de trabajos de Rodrigo Arteaga continúa explorando la abstracción rítmica en el dibujo a través del uso de la quema, como método y estructura en la composición.

Tal y como lo hizo anteriormente en la serie Monocultivos, en estos árboles «ausentes» Arteaga imprime en el papel, con fuego, la figura vaciada de un árbol, dejando que sea el movimiento libre del calor en contacto con el soporte el que defina los detalles de la forma, cuya aureola tostada transforma la ausencia en huella y memoria.

En Forest of absence, la silueta en forma de árbol es la huella de las actividades extractivas con las que los seres humanos hemos transformado el equilibrio ecológico de manera irreversible, y cuyo resultado final —como en una quema constante— aún no controlamos. Los vacíos y cortes verticales vuelven presente la sustracción y reemplazan la clásica escena botánica, llena de detalles y alardes de virtuosismo. Sobre un fondo neutro, una franja blanca realizada con precisión quirúrgica le da cuerpo al tronco de un árbol cuyas ramas calcinadas en los extremos aportan gradaciones tonales con sutiles ocres, tostados y amarillos; estos matices bordean el contorno y configuran la figura de un cuerpo vegetal quemado que parece devorar el papel.

Transformado en ausencia, en fantasma, el árbol se vuelve un espectro que se rehúsa a desaparecer. Un espectro gráfico que exhibe sus heridas: quemaduras e incisiones que silenciosamente testimonian las secuelas de su coexistencia con los seres humanos. Sin embargo, en su materialidad y en su soporte, la obra transforma el proceso de elaboración en algo vivo y orgánico, pues al cortar y quemar el papel para delinear la anatomía de estos árboles, el artista hace que el soporte y la imagen se fundan y se expliquen a sí mismos: el papel procesado recuerda físicamente su origen orgánico al recibir las incisiones de las figuras vegetales que le devuelven la vida.

El uso riguroso del fuego como técnica sustituye al lápiz o a los pigmentos; remite a los incendios forestales, pero también a la historia del arte —específicamente al Arte Povera, donde el fuego y las diversas energías naturales fueron transformadas en expresión y materia plástica—. El fuego actúa aquí como un cocreador que se pliega a la manualidad del artista y modula su halo para dar forma a una nada central, la cual sostiene desde los márgenes unas frágiles ramitas que, dispuestas en paralelo y en serialidad geométrica, evocan tanto las columnas de un bosque natural como la cuadrícula impuesta por la explotación forestal.

De este modo, Forest of absence no opera como un mero registro documental de la pérdida para instaurar un espacio de duelo y resonancia crítica. Al situar la herida en el centro de la mirada, la obra no solo expone la fragilidad de un ecosistema intervenido, sino que interpela nuestra propia posición dentro de esa trama rota, recordándonos que en cada vacío calcinado pervive la demanda urgente de recomponer el parentesco con lo vivo.




           


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